El Eclecticismo en Ourense (II). El desastre

 

1906       Baños do Outeiro     15 de mayo de 2026

Cualquier intento de potenciar y poner en valor nuestro patrimonio, tiene que pasar por un trabajo constante y planificado en cuanto a conservación, expectativas, divulgación y concienciación por parte de las instituciones responsables para evitar caer en el tropel de la foto y las declaraciones, de unos exigiendo y otros prometiendo, del día después de producirse el desastre anunciado en un patrimonio al que, en la mayoría de los casos, no se le presta la debida atención.

Esto viene a colación por el incendio acaecido el pasado mes que ha arrasado el edificio de los Baños do Outeiro. Estos son desde el año 2012 propiedad del Ayuntamiento de la ciudad y a partir de esas fechas fueron abandonados a su suerte y a una “numerosa ocupación”, sin que se pusiesen los medios para solucionar el problema, a pesar de los conatos de incendio que ya anunciaban cuál iba a ser su destino final y así fue, en una noche las llamas engulleron todo lo que no era granito y no había sido ya saqueado. Mucho le debemos los gallegos al bello y resistente granito, luchador férreo contra el tiempo, empeñado en mantenernos un legado de generaciones a lo largo de la historia, a pesar de las fechorías y desidias humanas obstinadas en lo contrario. 

Los Baños do Outeiro, con más de siglo y medio de antigüedad, están ubicados en las proximidades de As Burgas, la zona termal por excelencia de la ciudad. Con unas aguas cuya temperatura oscila entre 39° y 45° no solo tenían un valor terapéutico para enfermedades de la piel, sino que a este lugar también acudían, hasta bien entrado el siglo XX, muchos orensanos por razones higiénicas al no disponer de baños en sus casas e incluso los soldados del cuartel de San Francisco, que lo hicieron una vez por semana hasta los años cuarenta en que se instalaron duchas en el acuartelamiento.

A lo largo del tiempo, los Baños do Outeiro, sufrieron varias transformaciones de escaso valor arquitectónico, hasta finales del siglo XIX en que la familia Mileo, de origen italiano, se hace con la propiedad y amplía las instalaciones y las moderniza sustituyendo las primeras bañeras excavadas en la roca por otras de mármol, con grifería de bronce y una decoración más acorde con el ya inaugurado siglo XX.

Añade además un edificio para vivienda familiar que encarga al arquitecto Vazquez-Gulías (h. 1909) y que va a ocupar la fachada más urbana del conjunto termal. El arquitecto la concibe, siguiendo la moda de las viviendas unifamiliares, con alusiones al eclecticismo francés y a las formas historicistas en elementos como tejado y los vanos. De interés era la escalera interior de la vivienda hoy también desaparecida.

Este suceso confirma una vez más, que el patrimonio arquitectónico de la ciudad de Ourense sufre graves carencias y abandonos y que los organismos competentes solo parecen existir cuando no hay remedio. Por lo tanto, es necesario un trabajo que evalúe los edificios en los que urge intervenir y el diferente estado de conservación de cada uno de ellos.

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