El Eclecticismo en Ourense (I)

Hotel Barcelona

El término ecléctico se utiliza con frecuencia con un sentido peyorativo, al igual que sucede con eclecticismo aplicado al estilo artístico de finales del siglo XIX y principios del XX, que aún hoy es denostado por muchos, sin embargo, otros ven en él un estilo heterodoxo, libre en el manejo de los elementos de diversa procedencia lo que le da mayor fuerza y originalidad a la vez que habla también de cómo era la sociedad que lo demandaba, aunque en ocasiones cayese en lo repetitivo.

Jenaro de la Fuente y Pacewicz en Vigo, Rodriguez Sesmero en Pontevedra, Faustino Dominguez en A Coruña, Vázquez-Gulías en Ourense y Nemesio Cobreros en Lugo, poblaron de arquitectura eclecticista los ensanches de las ciudades gallegas en las que se asentaba una burguesía pudiente de comerciantes, industriales e indianos.

Desde las últimas décadas del siglo XIX, la ciudad de Ourense comienza un proceso de ensanche y urbanización con la apertura de nuevas calles y prolongación de muchas de las existentes. Las nuevas ordenanzas municipales de 1895 hacen referencia a ese desarrollo urbano, regulando obras, edificaciones y la apertura de nuevas calles. El artífice más importante de la ordenación del Ourense moderno va a ser Vázquez Gulías, arquitecto de sólida formación que ya había realizado sus estudios en la Escuela Superior de Arquitectura de Madrid, cuyos profesores buscaban una renovación a través del eclecticismo muy imbuido por el francés y con reminiscencias históricistas, frente al ya agotado clasicismo de los arquitectos de generaciones anteriores, que se habían formado en la Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid.

Hotel Barcelona

Cuando Gulías se establece en Ourense, se encuentra con una ciudad que con cierto retraso está a punto de iniciar su transformación urbana y con una clase social mercantil próspera y que va a demandar sus servicios. Le va corresponder a él, como profesional y como arquitecto municipal, poner los cimientos del Ourense moderno, sin desmerecer las aportaciones de arquitectos como Antonio López o Querault entre otros, pertenecientes a la generación anterior.

Vázquez Gulías va a trabajar partiendo de fundamentos eclecticistas, estilo en el que se había formado y en el que permaneció por convención a lo largo de su trayectoria, sin que ello impidiese tanteos en otras tendencias, sobre todo en el Modernismo del que supo extraer elementos formales que enriquecieron su eclecticismo.

Aunque nunca hemos tenido conciencia de ello, una buena parte del patrimonio arquitectónico ourensano se enmarca en el eclecticismo y no debíamos tener complejo en reivindicarlo, en lugar de tratar de “venderlo” como un Modernismo inexistente. Cualquier estudioso riguroso sabe que los ejemplos de modernismo en Ourense son muy escasos, salvando algunos elementos aislados y algunos interiores.

En las últimas décadas la ciudad está asistiendo, quizás debido en parte a esa falta de concienciación a la que hacíamos referencia, a una transformación o abandono de algunos de los edificios eclecticistas más interesantes de la ciudad.

El ejemplo más reciente de ello es el edificio del que fuera el hotel Barcelona. Su proyecto (1910) se debe a Vázquez-Gulías por encargo de un próspero comerciante de la ciudad. Hoy es propiedad de la Fundación Abanca, que periódicamente anuncia su rehabilitación para destinarlo “a un gran centro cultural”, cosa que hasta la fecha no ha materiallizado.

Casa Fermín García 

El edificio lleva varios años cubierto con una gran lona impresa trompe-l’oeil con el dibujo de la fachada según la había concebido Gulías. Este invierno, por un temporal o por el paso del tiempo, esta se desprendió y nos mostró a los ourensanos, sorprendidos y perplejos, las miserias y el deterioro que ocultaba (hierros oxidados, vidrios rotos, techo hundido, pérdida de balaustres…). Son tanto los años que lleva la lona desafiando las leyes de Patrimonio que se había mimetizado con el entorno, hasta el punto que algunos viandantes creían que esa era la fachada real del edificio. En esta ocasión “cayó el telón” y nos mostró la desidia y el abandono. Ya no se puede alegar desconocimiento por parte de los responsables: instituciones y propietario.

Existen otros edificios que comienzan a reclamar atención si no se les pone remedio pronto, es el caso de la casa de Fermín García (maderas y otros elementos muy deteriorados) o su aledaña con una grúa perpetua en su interior. No olvidemos tampoco el estado calamitoso de algunos panteones del cementerio de San Francisco, como el de Ruperto García o el de la familia Romero, ambos de Vázquez-Gulías y ambos buenos ejemplos de la arquitectura funeraria eclecticista.

Bibliografia: mercedesgallego.es

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