La imaginería barroca castellana. Gregorio Fernández (II)

 Ecce Homo. Gregorio Fernández. (h. 1621)  Valladolid

Ecce Homo

Se trata de un tema muy popular y con mucha demanda. En el que nos ocupa, el escultor ejecutó el mejor de la serie.

Fuente iconográfica: un grabado holandés.

Esta obra se puede decir que es un ejercicio de escultura clásica recordando el contraposto del Doríforo (Policleto), pero también sus proporciones y gestos nos remiten al manierismo donde se formó el artista en su primera etapa. El barroco está presente en el dramatismo acentuado por las pinceladas violáceas, las heridas, los pellejos añadidos. Suma a esto la característica singular de estar tallado en un desnudo integral cubierto por un pequeño paño de pureza de tela encolada.

Se conocen cinco desnudos integrales realizados por el escultor. Su desnudez contrasta con las voluminosas telas de sus esculturas. En ellos solo hay realismo y perfección, además del conocimiento del cuerpo humano y riqueza de puntos de vista.

Tenía cuatro postizos: corona, vara de caña, cordón y una capa que cubría el cuerpo.

 Cristo yacente.Gregorio Fernández. 1614. El Pardo (Madrid)

Cristo Yacente

El convento Capuchino de El Pardo era frecuentado por los reyes y a él le hace Felipe III la donación de este Cristo que el propio monarca encargó al escultor. Por ser encargo real es de excepcional calidad avalado por una impecable policromía.

La fuente Iconográfica. El tema se gesta ya en el S. XVI y Fernández lo populariza. Supone nuevo modelo dentro de la imaginería ya que Jesucristo no aparece relacionado con la cruz, ni con los verdugos ni con su madre.

Este tipo de imágenes se colocaba en el banco del retablo, vale una reliquia o la sagrada forma. Estaban dispuestos para una visión frontal, la cabeza descansa sobre una almohada y los cabellos se esparcen sobre ella.

Este tema va ligado a las corrientes emocionales de la imagen religiosa, en las que hay un aspecto de lo macabro que recogen los santos entierros y cristos yacentes y que tienen en España sus mejores manifestaciones. Todo en consonancia con la contrarreforma de Trento.

Descripción

  • El cuerpo yacente cubierto con un paño de pureza de pliegues angulosos por influencia flamenca y que forman parte del estilo de Fernández.
  • Trata con ponderación la anatomía de Cristo, estudio anatómico: costillas marcadas, elevación del esternón.
  • Cabeza de lado mostrando los ojos y la boca entreabiertos, vivo realismo. Largos y ondulantes cabellos.
  • Las carnes pálidas, sangre abundante en las llagas, brota de las rodillas, costado, etc. Negror en los pies y las rodillas.
  • la policromía aumenta el realismo de las escenas potenciando los aspectos del al Pasión con regueros de sangre en la cabeza y el costado.
  • Se centra en la realidad desnuda del cuerpo de Cristo muerto.
  • Modelado de gran calidad.

Es este espíritu realista lo que incita a la piedad, aunque prima lo sentimental sobre lo racional consigue un alto grado de comunicación con el espectador.

Esta obra hace escuela y el escultor realiza varias piezas, algunas son obras de taller. Entre estas está el de las Descalzas de Monforte de Lemos (Lugo) que se diferencia de las otras porque es una talla exenta, es decir, no está unida al sudario, eso se explica porque facilita la celebración de la ceremonia del Entierro durante la Semana Santa.

 Cristo de la Luz. Gregorio Fernández. (h. 1630) H. U. Valladolid

Inspirado casi con toda seguridad en grabados, esta obra es un iel reflejo de la extraordinaria calidad que mantuvo en sus obras hasta sus últimos días.

Es una de las obras más logradas del escultor por lo que se la conoce como “la perla de Gregorio Fernández”.

Gran maestría en la interpretación del desnudo, perfección anatómica, en la que se aprecia que no es un cuerpo musculoso como las anteriores obras, sino que es un cuerpo consumido: vientre hundido, heridas en la espalda, abundante sangre, ojos con grandes ojeras. Postizos para acentuar el realismo. A esto se suma el rostro afilado y amoratado que contribuye a darnos una tremenda representación de Cristo muerto superando a todos en dramatismo.

Los pliegues de los paños, muy en su estilo, están fuertemente quebrados.

Todo este logro del escultor culmina con una muy lograda labor de policromía. 

 La Piedad. Gregorio Fernández. 1616. Museo Nacional de escultura. Valladolid

La Piedad

Se encargó para el penitencial de las Angustias como paso procesional, el grupo lo formaban la Piedad, los dos ladrones y la Magdalena y San Juan.

La composición estaba muy bien estudiada, los diferentes personajes interconectaban entre ellos con la mirada y formaban una composición asimétrica típica del barroco. A ello se sumaba la actitud individual de cada uno.

Hoy el grupo de la Piedad, madre e hijo, emana esa soledad y quietud de la muerte que quería transmitir el escultor.

Desde el punto de vista formal el cuerpo de Cristo enlaza con los cristos yacentes y los grandes pliegues quebrados de los paños nos remiten al comienzo de la etapa de mayor madurez del artista.

Este tema de la Piedad era muy demandado y el escultor realizó varias piezas partiendo del modelo de Juan de Juni (s. XVI) hasta crear un prototipo barroco.

 Imaculada La Redonda. Gregorio Fernándsez. Logroño

Tema mariano

Potenciado por el concilio de Trento en España tuvo especial difusión el tema de la Inmaculada y Felipe III puso todo su empeño en que el papa declarase dogma de fe la Inmaculada Concepción, cosa que no sucedería hasta 1854. A pesar de ello se van fraguando en el arte del siglo XVII modelos iconográficos que se inspiran en conceptos y atributos de las Sagradas Escrituras, evangelios apócrifos o letanías lauretanas.

Será precisamente en el siglo XVII cuando Francisco Pacheco, pintor y tratadista, fija el prototipo de la Inmaculada Concepción siguiendo las directrices del Concilio de Trento reconociendo el modelo de “la mujer apocalíptica”.

Gregorio Fernández tuvo predilección por este tema y creará un modelo al que se va a mantener fiel a lo largo de su trayectoria artística y en el que solo se percibirán pequeños cambios fruto de la evolución de los años. 

Características generarles:

  • Manos en actitud de oración.
  • Largo cabello.
  • Mantos con pliegues quebrados en los lados.
  •  A sus pies, bien cabezas de ángeles entre nubes o pisando al dragón.
  • Aureola de rayos en torno a la figura y nimbo radiado de la cabeza y corona.

 

Los retablos

Gregorio Fernández es también escultor de retablos, siempre respaldado por buenos ensambladores y policromadores.

En la iglesia de los santos Juanes de Nava del Rey (Valladolid) dentro de su rica iconografía llaman la atención los temas, de inspiración apocalíptica, del segundo cuerpo, uno de ellos la Prefiguración de la Inmaculada, tema poco usual en el barroco.

Otros retablos de gran importancia para el conocimiento de su obra son:

Retablo mayor de san Miguel de Vitoria (h. 1630)

Y Retablo Mayor de la catedral de Palencia (1635)

 Retablo mayor de la catedral de Plasencia Gregorio Fernández. 1635

Es la obra más importante de este apartado para el escultor, pero la obra por sí misma teniendo en cuenta su volumen y significado fue un encargo de gran empeño por parte del cabildo. Incluso se creó una comisión para decidir ciertos aspectos como si se optaba por un diseño de varios cuerpos o por un monumental lienzo como se estaba poniendo de moda en la corte. Se opta por lo primero y se solicitan diversas trazas y son también varios los ensambladores que concurren a la subasta del retablo. Fue difícil conseguir la implicación de Gregorio Fernández en el apartado escultórico porque su cotización era muy alta y además estaba muy demandado a parte de no gozar de buena salud.

Descripción

Dos cuerpos y un gran ático y ocupa el presbiterio con el programa escultórico. Combina cuatro pinturas en las calles laterales. Tiene dos bancos. En la parte inferior de la calle central lleva una monumental custodia (tabernáculo). A ambos lados, en las entrecalles, san Pablo y san Pedro. Preside la Asunción que es el foco del retablo y también la de factura más importante.

Asunción

  • ocupa el centro del segundo cuerpo “desbordándose” los dos ángeles turiferarios de la parte superior y san Pedro y Santiago en la parte inferior
  • concepción barroca acentuada por ese “desbordamiento”
  • la Virgen tiene un movimiento lateral y sus vestiduras crean grandes oquedades
  • el Calvario del ático sigue los modelos establecidos ya por el escultor, adquiriendo aquí una gran monumentalidad.

Esta obra se engloba en el período que comienza a partir de 1626 que se caracteriza por una gran actividad que se prolonga hasta su muerte en 1636. En este período su taller adquiere un elevado número de colaboradores que le permiten la contratación de enormes retablos.

Precisamente este de Plasencia es uno de los más sobresalientes no solo en el catálogo de Gregorio Fernández sino en toda la escultura de la primera mitad del siglo XVII español.