Gatos Ilustres

Gatos Ilustres lo encontré curioseando en una librería. No sabía nada de sus existencia y tampoco había leído nada de Doris Lessing. Llamó mi atención por el gato de la portada, una magnífica ilustración, al igual que todas las del interior, de Joana Santamans. Al hojearlo me gustó la calidad del papel, el tipo de letra y la encuadernación. Se trata de una edición bien cuidada que puede contribir a hacer todavía más placentera la lectura.

Pasaron algunos meses hasta que me decidí a leerlo, el motivo se debía a que en esta ocasión había comprado el libro seducida por la forma y no por el contenido del que no tenía ni el menor indicio. Pero quizás la razón más poderosa fuese que hasta este momento yo, que soy una entusiasta de los gatos, me había hecho el propósito, por razones que no interesan en este momento, de no leer nada cuyos protagonistas fuesen gatos. De esta decisión quedó excluída La Gatomaquia de Lope de Vega porque pudo más la curiosidad que el propósito.

Roto el tabú he disfrutado leyendo Gatos Ilustres. Es un deleite desde el punto de vista literario y no es necesario ser un amante de los gatos para saborearlo.

La autora es una profunda conocedora de los felinos domésticos, lo que le permite narrar la “biografía” de sus gatos a través de sus experiencias y convivencia con ellos, sin evitar ningún episodio, aunque alguno hoy podría resultar incomprensible o cruel. Sin embargo, contextualizado en el tiempo en que los sitúa la escritora, las cosas se hacía así y así se regulaba la población de los mizos en Inglaterra, en España o Portugal, por citar algún ejemplo.

Título: Gatos Ilustres

Autora: Doris Lessing

Páginas: 159

Editorial: Lumen