Aproximación a la galería de retratos del instituto Otero Pedrayo

Una de las finalidades que tuvo el retrato a lo largo de la historia fue la de formar parte de las galerías de palacios, instituciones u otras entidades. Remontándonos en el tiempo encontramos ejemplos como la galería de retratos de los gobernadores de Milán en el siglo XVI o la de los virreyes españoles en los palacios americanos. Sin embargo, los antecedentes próximos y más decisivos, a la que nos ocupa, hay que buscarlos en el siglo XIX, cuando la producción retratística adquiere un carácter burgués que hace que este se generalice y que, por extensión, las instituciones imiten esta moda que da cierta prestancia.

En Galicia durante las últimas décadas del siglo XIX y hasta bien entrado el siglo XX fueron muchos los pintores que hicieron del retrato una de sus facetas más activas, basta con recordar a José María Fenollera, que no solo retrata la sociedad compostelana finisecular sino que también realiza retratos de carácter institucional como los correspondientes a los presidentes de la Real Sociedad Económica de Amigos del País, que continuará Tito Vázquez. Joaquín Vaamonde, Ramón Navarro, Sotomayor, Abelenda  o Luis Mosquera son otros muchos ejemplos para tener en cuenta a la hora de analizar los retratos que nos ocupan, pues exceptuando uno de ellos, que fue realizado por una pintora ajena totalmente a Galicia, los restantes nacen de artistas ligados a la tierra aunque algunos no procedan de ella.

La presencia de retratos en las instituciones era considerada como símbolo de prestigio a la vez que desde el punto de vista social nos habla de la importancia  que generalmente gozaba el retratado en la vida de la ciudad. Así es  en el caso  de los directores y algunos profesores de este instituto, por ser el único de la ciudad hasta 1966. Los orígenes de este centro hay que buscarlos en 1845 cuando se crea el centro Provincial de Instrucción o Instituto de Segunda Enseñanza con sede en el seminario. En él aún enseñaron los profesores García Mosquera, Saco y Arce, Gaite Núñez y Paz Novoa. El actual edificio, en el que se encuentran los retratos, data de 1897.

La galería la forman una serie de once retratos, todos ellos pertenecientes a profesores ilustres del claustro, en su mayoría directores, con las excepciones de García Mosquera, Saco y Arce y Paz Nóvoa que nunca ostentaron el cargo. Cronológicamente abarca un período de casi cien años, desde finales del siglo XIX hasta 1983 que se realiza el último. Desde el punto de vista estilístico a pesar del siglo que separa el primero del último y de la diferente categoría artística de sus autores, todos responden a un mismo esquema, son retratos muy academicistas que mantienen poses, fidelidad al retratado y tonalidades en consonancia con lo que se requería para este tipo de obra.

Siguiendo el orden cronológico, los dos primeros retratos corresponden a los profesores García Mosquera y Saco y Arce, ambos fueron realizados a título póstumo y su autor fue José Mendiguchía, natural de Toledo, que figura como profesor numerario de Dibujo en el instituto desde septiembre de 1889. También se sabe de él que en 1892 participó en Madrid en la exposición de Bellas Artes con un cuadro que representaba una aldea ourensana. El tercer retrato, el del profesor Gaite Núñez, se desconoce su autor, aunque es posible que por la semejanza que mantiene con los anteriores sea también obra de Mendiguchía. Los tres retratos están ejecutados de forma comedida y austera. Sin embargo, en el de Gaite Núñez se pueden apreciar ciertos cambios, como mayor claridad y un tratamiento del fondo con un gusto eclecticista frente a la neutralidad de los dos anteriores.

El pintor Jesús Soria es el autor de un segundo grupo de retratos que corresponden a los profesores Paz Nóvoa, Padilla de Vicente y Marcelo Macias. Jesús Soria González (Avilés, 1881 – Ourense, 1959) aunque no ha nacido en la ciudad es considerado como un ourensano más por el mucho tiempo que vivió entre nosotros y por los buenos recuerdos que ha dejado. Tal es así que una calle de la capital lleva su nombre. Miembro de la Academia de Bellas Artes de San Fernando y poseedor de una Mención Honorífica en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1906, llega a Ourense como catedrático de Dibujo del instituto, después de haber estudiado Bellas Artes en Madrid.

En la ciudad se conservan además varias de sus obras como La Verónica y La Samaritana de la capilla del santo Cristo en la catedral. En el campo del retrato, una de sus facetas más prolífera, hay que incluir los realizados al matrimonio Temes Santamarina, muy en la moda de la época, y los de varios prelados para el obispado y el seminario mayor. Los realizados para el instituto, por su sobriedad, están más en la línea de estos últimos.

Un tercer grupo de obras fue realizado por un conocido pintor ourensano, Manuel Prego de Oliver, que se aparta de la línea finisecular de los anteriores al realizar los retratos de Otero Pedrayo, Rodríguez Bouzo y Juan Saco. Prego de larga trayectoria pictórica y merecida fama, tiene en el retrato un amplio repertorio, sin que por ello sea su vertiente más interesante. Sin embargo, en él está presente, al igual que en su obra más importantes, el gusto por la luz y las transparencias y los fuertes contrastes entre luminosidad y oscuridad o dibujo y mancha.

La pintora Elvira de Medina Castro (1912-1998) ejecuta el retrato de Alfonso Vázquez Martínez porque el profesor estaba destinado en Valladolid, lugar del que procede la artista. Esta, que años más tarde  fue nombrada Académica de Honor de la Real Academia de Bellas Artes de la Purísima  Concepción de Valladolid, es ante todo una pintora de retratos, género en el que gozaba de merecido prestigio y al que ella prestó una atención especial. Color, dibujo y dotes de observación hicieron que sus pinceles plasmasen numerosos intelectuales y gran parte de la más destacada burguesía vallisoletana. En este retrato el homenajeado en actitud sedente, opta por el atuendo académico: toga, muceta azul y birrete del mismo color, que sostiene sobre sus rodillas. El azul celeste de estos últimos se presta para dar luminosidad y color a la composición. Rasgos que forman parte de los presupuestos formales de la pintora y a  los que hay que sumar un dibujo correcto, cualidad necesaria para llevar a buen fin este tipo de encargos.

El pintor designado para llevar a cabo el lienzo de Julio Ogando Vázquez fue el pontevedrés Javier Pousa Carrera conocido sobre todo por sus paisajes pero que también realiza varios retratos a lo largo de su carrera artística. Es muy demandado para este tipo de encargo oficial, por sus dotes de buen dibujante. Aquí opta por plasmar al personaje siguiendo los cánones del modelo de retrato tradicional que podemos observar en las galerías de instituciones.

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