El carnaval en la escultura pública orensana

Aunque  son muchas las reflexiones sobre el origen y significado de los rasgos más autóctonos de nuestro carnaval, todas ellas coinciden en que sus raíces habría que buscarlas en lo más ancestral de nuestra cultura.

No obstante el paso del tiempo y los reparos religiosos, políticos e incluso sociales de algunos momentos ha hecho que el arraigo en algunas zonas se debilitará mientras que otros como Laza, Verín, Viana o Xinzo no solo consiguieron vencer esas reticencias sino que han logrado convertir su carnaval en un signo de identidad que cada año que pasa contribuye a fortalecer y darle más relevancia.

La escultura, auspiciada por los ayuntamientos, también sale a la calle para consolidar con su presencia en los espacios cotidianos a los personajes mas populares del carnaval y sumar un elemento mas a la voluntad de recuperar la tradición.

En 1986 la localidad de Laza se convierte en la primera de Galicia en erigir un monumento a un personaje carnavalesco, en este caso al Peliqueiro, una de las máscaras más representativas y antiguas del carnaval gallego. La escultura fue costeada por una entidad bancaria con motivo de la inauguración de su nueva oficina en el pueblo. La ejecución corrió a cargo del escultor ourensano Acisclo Manzano que por esas fechas ya gozaba de un merecido prestigio.

El acto de inauguración estuvo presidido por representantes de la entidad bancaria y por el alcalde de la villa que se vio en la obligación de tener que hacer referencia a la polémica desatada en el vecindario que prefería algo “mas realista”. El mandatario aludió con acierto a los importantes conceptos de modernidad que aporta …que no se pueden concebir en los tiempos que correntan solo corrientes hiperrealistas sino que hay que estar abiertos a nuevas formas de expresión

Acisclo realiza aquí el primer monumento español en hormigón de colores y hace una apuesta decidida por alejarse de la tradición e ir a un estilo más directo que se basa en la esquematización a base de líneas rectas y reservando la curva para la máscara que remata el monolito, y que es el símbolo más representativo del peliqueiro. En ella el artista lleva al hormigón la factura que sabe imprimir a sus obras en barro, alternando las arañamientos con las superficies pulidas.

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Años después de la inauguración del Peliqueiro de Laza, el ayuntamiento de Xinzo de Limia encarga al escultor Xosé Lois Carreira López un monumento dedicado a la Pantalla, que será inaugurado en el verano de 1998 coincidiendo con las fiestas patronales. Carreira, aunque natural de Xinzo, su formación académica la realizó en el País Vasco y con el paso de los años ha ido conformando un currículo artístico que le ha permitido labrarse un lugar en el panorama de la escultura pública orensana. Este currículo lo inicia precisamente con esta obra dedicada a la Pantalla personaje representativo por antonomasia del carnaval de la villa, encargado de vigilar que en esos días nadie ose salir a la calle sin disfraz.

El escultor elige el mármol portugués para llevar acabo una obra de volúmenes rotundos y muy expresiva que rebosa alegría carnal y picaresca. A ello añade un lenguaje corporal definido por la indumentaria: la mascara con los símbolos astrales, las vejigas, las campanas o las polainas. Todo esto permite que la obra se inserte perfectamente en la tradición.

En el año 2003 Carreira volverá a retomar la temática del carnaval cuando el ayuntamiento de Verín le encomienda la ejecución de un monumento dedicado al Cigarrón, ese personaje de origen enigmático y el más simbólico del carnaval de la comarca de Monterrey, que tiene su epicentro en Verín.

En el Cigarrón el escultor depura los volúmenes pero sin perder ese gusto por lo rotundo que lo define y que contribuye a darle fuerza plástica a la escultura manteniendo un lenguaje alimentado por la tradición popular. Con respecto a la Pantalla, su obra anterior,  podemos decir que aunque entre ellas existen ciertas diferencias, debidas a los años que las separan, la experiencia que ha ido adquiriendo el autor que lo han llevado a cierto desprendimiento de lo anecdótico y a una preferencia por la piedra. Sin embargo, a pesar de ser diferencias, ambas están en sintonía y son prodigas en información.

El mismo año que Verín homenajeaba al Cigarrón, lo hacía Viana al Boteiro, protagonista principal de su carnaval y que el escultor vianés Manuel Ángel Rodríguez, Piquico, lleva al bronce subrayando sus rasgos más notables: la máscara y sobre esta la pantalla profusamente decorada, las esquilas o cencerros a la cintura y la vara con la monca o bola. El monumento, a pesar de la ubicación poco favorecedora, genera un mensaje de claras referencias a la tradición local, poniendo en evidencia el interés del escultor por estas tipologías inspiradas en los personajes reales que estos días de fiesta recorren las calles de la villa.

Todas estas esculturas son el testimonio que mejor definen a una fiesta de celebración de los sentidos y a una memoria colectiva, la cual supo sacar a la luz estos retazos del pasado enriquecidos por la imaginación popular.