Las Letras Gallegas en la escultura ourensana (1963-1981)

El 20 de marzo de 1963 tres miembros de la Real Academia Gallega entre los que se encontraba Jesús Ferro Couselo proponen, coincidiendo con el centenario de la publicación de Cantares Gallegos de Rosalía de Castro, institucionalizar un día dedicado a Las Letras Gallegas, “con carácter de perdurabilidad”. Una vez aceptada la propuesta por la Academia, se establece el día 17 de mayo de cada año como fecha para la conmemoración. Esta elección se debe a que, desconociéndose el día exacto de la publicación de Cantares Gallegos, se optó por la que figuraba en un ejemplar que la poetisa había dedicado a Fernán Caballero.

En los cincuenta y cinco años transcurridos han sido doce los escritores ourensanos a los que se le ha dedicado esta efeméride. Sin embargo, existe una veintena de obras escultóricas en la provincia destinadas a homenajear a escritores, ourensanos o no, que merecieron esta distinción. De todos estos reconocimientos en piedra y bronce, apenas dos o tres coinciden o están relacionados  con esta conmemoración

En 1967 se dedica El Día de las Letras Gallegas al escritor Manuel Curros Enríquez figura de referencia del Rexurdimento,  junto con Rosalía de Castro y Eduardo Pondal que ya habían sido homenajeados en años anteriores. Curros Enríquez es el primer ourensano que recibe esta distinción. En estas fechas el escritor ya era una figura consagrada que contaba desde 1934 en A Coruña con un monumento, obra cumbre de Francisco Asorey, en el que el escultor esculpió un amplio programa iconográfico de profunda inspiración gallega. También su villa natal de Celanova le había erigido en 1951, después de cuarenta años y muchos avatares, un monumento que aunque más discreto que el de A Coruña, no está exento de calidad. Se trata de un busto en bronce cuyo artífice, igual que en el anterior, fue Asorey.  

Galería de imágenes

La pieza responde a los modelos de la última etapa del artista, en la que el bronce aparece casi sin pulir sobre todo en el atuendo que apenas se insinúa. La cabeza, más trabajada, capta los ademanes del escritor tal como recogen las revistas y periódicos que dan noticias suyas. Las connotaciones estéticas alcanzadas garantizan la atemporalidad de la obra que parece estar cómoda observando el devenir de la villa.

En 1908 en Lisboa, fecha en la que fallece el escritor en La Habana a donde había emigrado en 1894, se crea una comisión promonumento que solicita donativos “para erigir en la villa de Celanova una estatua o lápida de bronce o piedra que conmemore el nombre del inmortal vate gallego”. El proyecto se va demorando y en 1925 se sigue pensando en rendirle el homenaje construyendo un Mausoleo de Hombres Ilustres en Ourense, la idea resulta desatinada y se acuerda destinar el dinero a una escultura que perpetúe su recuerdo. Así en 1927, se coloca con gran solemnidad la primera piedra en un acto promovido por la Cultural Curros Enríquez que contó para el evento con personalidades  como los alcaldes de A Coruña y Ourense o el poeta Prado Lameiro, además de las autoridades de Celanova. Hubo discursos y se cantó el himno gallego.

 

Habría que esperar, como hemos visto, hasta 1951 en que se cumplía el primer centenario de su nacimiento, para que se convirtiera en realidad el tan ansiado monumento. Fue necesario recaudar fondos de nuevo y para ello contaron con la desinteresada actuación de la Coral de Ruada por las provincias gallegas. En el acto de inauguración actuó de mantenedor Otero Pedrayo y la Real Academia Gallega celebró sesión y recibió dos académicos de número.

Un año después, en 1968, esta institución vuelve a elegir a otro ourensano para dedicarle El Día de las Letras Gallegas, se trata de Florentino López Cuevillas personaje de intensa actividad dentro del mundo de la investigación de la Prehistoria y del Galleguismo. En el primero sus estudios fueron innumerables y de relevancia y en el segundo fue miembro de As Irmandades da Fala  y participó en la fundación de la revista Nós.

Este intelectual fue homenajeado en dos ocasiones por el Ayuntamiento de Ourense y en ambas con idénticas características. La primera tuvo lugar en la localidad de Velle en 1968 y aunque coincide con el año en que se dedican las Letras Gallegas, la iniciativa se debe al concejal Blanco Guerra que lo justifica alegando que López Cuevillas había recopilado datos en la zona durante cinco años. Esto no impidió que la inauguración se hiciese coincidir con el 17 de mayo que, al no estar aún reconocido como festivo, se traslada para el 19 que era domingo. La obra se trata de un monolito cuya forma natural recuerda a un menhir. El hueco abierto en la piedra para colocar la urna, no fue cerrado hasta que se imprimió el libro del investigador Cosas de Orense del que se depositó un ejemplar.

Para conmemorar el primer centenario del nacimiento del investigador en 1986, Xoaquin Lorenzo juntos con otros acuerdan hacerle un homenaje. Se trata de una piedra que conserva el tamaño y la forma natural que tenía en origen y con la superficie horadada por tafonis. Esta solución del monolito natural suele resultar poco acertada, aunque con frecuencia se recurre a ella cuando no se cuenta con los medios económicos necesarios para otro tipo de obra. En este caso la piedra se convirtió en un “estorbo”, tanto por si misma como por la ubicación, que rompe la estética de la Alameda. Al margen de considerar que López Cuevillas merece otro tipo de homenaje.

Al ourensano Valentín Lamas Carvajal se le dedica El Día de las Letras Gallegas de 1972 en reconocimiento a su gran actividad periodística y literaria. El escritor ya contaba desde 1949, año en que se cumplía el centenario de su nacimiento, con un monumento (ya estudiado aquí) que había promovido el Ayuntamiento de Ourense para sustituir uno ya existente que consideraba “…bastante modesto para lo que se merecía el poeta”.

A pesar de ser el teórico del Galleguismo por excelencia, docente de referencia para varias generaciones y uno de los renovadores de la prosa gallega, tuvieron que transcurrir dieciocho años para que la Academia eligiese a Vicente Risco como figura de las Letras Gallegas de 1981. Sin embargo el Ayuntamiento de Ourense, a los pocos meses de su fallecimiento en 1963, ya acuerda en pleno rendirle un homenaje erigiéndole una estatua  o busto ante la fachada de la Escuela de Magisterio y darle su nombre a una calle de la ciudad. Aunque se convocó un concurso de bocetos para llevar a cabo la idea, el bajo presupuesto disponible obligó a renunciar a él y a optar por encargarle al escultor José Liste un busto de bronce. La obra tuvo bastantes detractores que consideraban que no se captaba plenamente su personalidad. A este descontento se sumó el de aquellos que deseaban un monumento más grandioso para el intelectual.

Años más tarde (1986), teniendo en cuenta la vinculación de la familia Martínez-Risco con Castro Caldelas, se acuerda erigirle un conjunto escultórico en una zona próxima a la villa. El proyecto se le encargó al escultor Acisclo Manzano y fue costeado siguiendo lo establecido en “la política cultural del 1%”. Aunque hoy en día poco se conserva de la obra debido a lo inadecuado de algunos materiales para el clima de la zona y también a algunos actos de vandalismo. El conjunto resultaba original. Acisclo jugó con la temática de las cabezas, llegando a repetir hasta doce veces la cabeza del intelectual que mostraba sus rasgos más destacados en una línea muy próxima a la caricatura que años atrás  le había hecho Castelao.