El acuarelista Luis Mugüerza

El pasado mes de diciembre se han cumplido treinta años del fallecimiento del acuarelista Luis Mugüerza Cuenca, que había nacido en 1929 en Nuévalos (Zaragoza),  trasladándose a los diecinueve años a Galicia donde vivió hasta su fallecimiento en Ourense en 1986.

Su vocación pictórica data ya de sus años en Aragón cuando ya desde niño dibujaba, pintaba y hacía caricaturas. Cuentan la anécdota que sus primeros pasos en la pintura se debieron al hallazgo en el desván de su casa de los útiles del pintor Miguel Yus.  Su formación fue siempre autodidacta, lo que le da un inconfundible toque personal  que confirma esa fuerte vocación que lo llevará a convertir en realidad sus sueños de ser pintor, a pesar de no contar con el estimable soporte de un maestro que tan importante puede resultar en los años de iniciación.

Será en la década de los sesenta cuando comience a trabajar la acuarela cuando un amigo  le presenta al conocido acuarelista Varela Guillot. Es en el estudio de este artista en Allariz donde Mugüerza descubre el mundo de la acuarela y donde se acentuara su interés por superarse. Por esta años, esta técnica pictórica era muy demandada en Galicia y había extraordinarios acuarelistas que pusieron el listón muy alto para aquellos que iniciaban el camino.

Hasta 1979 no tendrá lugar su primera exposición en la hoy desaparecida galería ourensana Souto. Aquí mostró al público cuarenta y dos acuarelas con una temática preferentemente rural y marinera. Esta incorporación tardía a los circuitos expositivos, se debe a que la pintura supuso para Mugüerza una senda de esfuerzos al tener que conjugar sus obligaciones familiares y profesionales con su vocación artística.

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El periodo comprendido entre 1979 y 1986, fecha de su fallecimiento, fue el más fecundo y el de mayores logros. Es en estos años en los que tuvieron lugar todas sus exposiciones llevadas a cabo en distintas ciudades y villas de Galicia. También se observa como ese contacto directo que le proporcionan con el espectador le va dando mayor desenvoltura y seguridad, lo que facilita que su obra llegue a ser adquirida , además de por particulares, por instituciones como la Diputación o el Ayuntamiento de Ourense. Este último incluso le encargó uno de los populares carteles de la Fiesta del Magosto.

La crítica siempre le fue favorable, así,  Xaime Quessada, también pintor, supo apreciar en las acuarelas del artista su disposición para esta técnica pictórica,  así como para el tratamiento que le da a la figura humana, los delicados cromatismos o la gracia luminosa. Segundo Alvarado valora, desde la primera exposición, la interpretación directa del entorno y la espontaneidad del artista.

A la natural inclinación que Luis Mugüerza siempre tuvo hacia la pintura, hay que añadir su temperamento, mezcla de reflexión y subjetividad, y a ello suma, una vez que decide adentrarse de manera más rigurosa en la pintura, unos principios esenciales que se basan en una marcada habilidad para conseguir las metas trazadas. Estas, desde el punto de vista temático, llevan a adentrarse en algunos casos por los vericuetos de los recuerdos de los que extrae la inspiración para plasmar los temas que más le interesan sobre todo de la infancia vivida en Aragón.

Desde las primeras trazas que esbozaron sus pinceles, al margen de los rudimentos del comienzo, era palpable la tendencia a la captación de diferentes ambientes. Con esa gran fidelidad que ha tenido a la acuarela y a la memoria de su entorno, evoca escenas vividas en su Nuévalos natal y en Galicia, su tierra de adopción, además de otros temas diversos, entre los que destaca una interesante cabeza de tuareg.

Por todo esto, podemos decir que la temática de sus obras se inspira en una realidad tradicional que proviene, en parte y sobre todo, en un primer momento de rendir tributo a su tierra aragonesa , y no lo hace con la descripción de unos hechos transcendentales, sino como si se tratase de apuntes biográficos con un acento de cierta nostalgia que no le impiden observar con viveza la realidad circundante. No obstante, será Galicia la que ocupe el espacio más amplio en su obra. Aquí se muestra ya dueño de una nueva sensibilidad con una memoria más inmediata y utilizando recursos más variados para poder plasmar una Galicia del interior más recogida, frente a una Galicia marinera en la que priman los recursos estéticos. Detalles anecdóticos unas veces y conmovedores otros, todos rezuman cierta nostalgia a la hora de analizar su obra.

Se puede decir que las acuarelas de Luis Mugüerza recogen esa riqueza propia de aquel que tiene dos tierras y que consigue que ambas se integren en su obra, echando mano de los elementos más relevantes y de los más sutiles contrastes de cada una de ellas, lo que no es óbice  para que a cada una el artista la trate con parámetros diferentes impuestos por la identidad cultural, paisajística y cromática  de una y otra región. A medida que fueron transcurriendo los años, el artista se fue afianzando y observa con mayor viveza la realidad y su lenguaje se clarifica ampliando los referentes narrativos y la gama de matices, pero siguiendo fiel a la realidad tradicional sustentada por una síntesis de raíces locales y su voluntad de aprender siempre.