Aproximación a la Historia de la Arquitectura Escolar en Ourense (II)

Desde los años cuarenta hasta la ley de Educación de 1970, los centros escolares que se construyeron en la ciudad de Ourense pertenecen en su mayoría a órdenes religiosas, exceptuando la Escuela-Taller Sindical, que en la década de los cincuenta inauguró el edificio que hoy ocupa el IES 12 de Octubre; La Escuela Normal de Magisterio y el instituto de bachillerato conocido por aquel entonces a nivel popular como “el masculino” y en la actualidad lleva el nombre del escritor ourensano Blanco Amor. Los nuevos edificios de los colegios religiosos que se construyen, sustituyen o amplían a otros más modestos ya existentes.

El colegio de los  Salesianos ocupa un solar que se conocía como la finca de Doña Carlota que le había sido donada por una heredera  de los Pérez Bobo, que habían tenido allí una fábrica de curtidos. Las primeras construcciones fueron una casa rústica con patio central y una capilla, ubicada en la zona izquierda del edificio actual.

En 1946 el ayuntamiento autoriza derribar el edificio que venía siendo destinado a colegio y construir otro. Para ello se contratan los servicios del arquitecto Ruperto Sánchez. El nuevo edificio se adelanta más hacia la que en aquel entonces era la carretera de Villacastin-Vigo. El proyecto era construir una primera fase que abarcaría el ala izquierda y el pabellón central. Más adelante se haría la iglesia. El edificio orientado de este a oeste es de planta rectangular y tiene dos pisos y bajo. La fachada principal se estructura en tres cuerpos, sobresalen los laterales y el central más amplio se retranquea. En el eje de simetría del cuerpo central se sitúa la puerta principal con un apenas insinuado alfiz para rematar en la cornisa, siguiendo este mismo eje, una imagen de piedra de María Auxiliadora obra del escultor Failde. Cuatro  pilastras colocadas de forma escalonada a ambos lados de la imagen acentúan su función como referente ideológico y arquitectónico. Otro aspecto de esta fachada también a tener en cuenta es la utilización de los materiales: cantería apiconada hasta el primer piso, en los superiores combina el ladrillo con frisos de piedra al igual que la cornisa y el remate central ya descrito. El retranqueamiento, el agrupamiento de las ventanas y el enmarcamiento vertical junto con las pilastras y la imagen de María Auxiliadora son los aspectos que rompen en cierta medida la horizontalidad que domina el edificio. Años más tarde se realizó la capilla actual inspirada en modelos italianos, es más, parece que copia a una existente en Turín.

El Seminario Mayor como institución nace en Ourense en 1804 de la mano del obispo Quevedo y Quintana, instalándose  en el antiguo colegio de los Jesuitas, hoy Casa Sacerdotal. El edificio a finales del mismo siglo sufre una ampliación dirigida por el arquitecto Queralt, que se correspondería con lo que hoy es el palacio episcopal. A mediados del siglo XX el problema del espacio vuelve a estar presente y es cuando el obispo Blanco Nájera acuerda promover la construcción de un nuevo seminario en una finca propiedad de la diócesis situada en las afueras de la ciudad. Para ello se crea una  junta diocesana pro seminario que coordinará todos los cauces de recaudación de fondos para su construcción. La obra se le encarga al arquitecto José María de la Vega Samper que hacía 1947 tenía ya decidido el tipo de oficio que se le demandaba, después de esbozar sobre el papel varias posibilidades.

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A la hora de proyectarlo el arquitecto insiste en algunos aspectos como la orientación, buscará teniendo en cuenta la climatología de la zona, que las fachadas reciban la mayor cantidad posible de sol. Así deja al norte las que puedan prescindir más de él, la capilla y salón de actos, mientras que las habitaciones de los seminaristas en su totalidad lo reciben alguna hora del día. El edificio aprovechando la desigualdad del terreno llega a tener en alguna parte hasta seis plantas. La capilla y el salón de actos tienen una altura correspondiente a tres plantas. Hoy este último sufrió serias modificaciones al ser transformado en archivo diocesano.

La construcción es un conjunto de tres bloques, el primero de planta ligeramente rectangular y con cuatro torreones en los extremos, tiene un amplio claustro o patio central, el   segundo corresponde a la capilla y el tercero al salón de actos. Al exterior se ven perfectamente definidos estos volúmenes y cuáles son los nexos entre ellos.

El proyecto definitivo que hoy contemplamos no se corresponde exactamente al que se había pensado en un principio y que incluso se llegó a divulgar. Mientras el actual presenta una fachada con un ritmo muy uniforme, sólo roto por los balcones con ventanas de arcos de medio punto y los torreones en los ángulos, el proyecto desechado acentuaba el desnivel que le confiere el terreno creando un zócalo de mampostería y eliminaba los torreones, y los arcos apuntados, que allí se reservan para el claustro, aquí los sitúa en toda la planta baja.

El Seminario Menor data de 1930 cuando el obispo Florencio Cerviño dispuso que se ubicase en el convento franciscano de Vistahermosa y que se acondicionase para tal función. Hacia 1960 el obispo Temiño llevó a cabo grandes reformas en el edificio colocando su escudo en la fachada principal y en otra posterior. Ya en el año 2000, el obispo Osoro mandó hacer varias obras y arreglos. Desde el punto de vista estético se trata de una construcción muy anodina.

Otros centros sufrieron transformaciones en su forma arquitectónica a lo largo de este tiempo. El colegio de las Carmelitas que comenzó siendo una antigua casa palacio y a la que en 1897 el arquitecto Antonio Crespo López añadió la capilla de fachada neogótica; las últimas ampliaciones se deben a los arquitectos Barreiro y Herguedas. El colegio de las Josefinas que tuvo su origen en una vieja casa aldeana y todas las obras realizadas, en el edificio posterior, se deben a tres generaciones de una familia de arquitectos, los Conde, padre, hijo y nieta. El colegio de la Purísima en la calle de Santo Domingo era también una casa antigua de un piso a la que Conde añadió el resto.

 Los Maristas llegan a Ourense en 1908 llamados por el obispo Eustaquio Ilundain. Después de recorrer varios lugares de la ciudad, construyen el actual colegio entre 1958-1960 acogiéndose a los beneficios del Concordato. El arquitecto elegido es Mariano Rodríguez Sanz y la ubicación es entre dos calles de nueva apertura. Con planta en forma de L para  adaptarlo a la configuración del terreno y con dos fachadas principales con chaflán, este último, según el arquitecto, era para acercarlo al parque de San Lázaro. Las fachadas principales son de cantería labrada y la posterior del perpiaño. El chaflán tiene triple portada, enmarcado en los laterales por cuerpos verticales acristalados y la piedra trabajada en cuadrícula, en el fondo de las cristaleras llevan sendos relieves del escultor orensano Faílde alusivos al beato Marcelino Chapagnat  y a Jesús bendiciendo rodeado de niños.

En 1966 se inaugura el que será el segundo instituto de la ciudad. Hasta esa fecha niños y niñas compartían, aunque en pisos diferentes, el que hoy es IES Otero Pedrayo. A partir de esta fecha los niños pasarán al que sería conocido como “el masculino” o “el Puente”, mientras que el otro sería el “femenino” o “el Posío”. El edificio se ubica en el barrio de El Puente en una parcela en la que ya se habían construido la Escuela-Taller Sindical, germen del primer centro de formación profesional de la ciudad, y la Escuela Normal de Magisterio con la Escuela Aneja. El arquitecto fue Marciano Hernández Serrano que por esas mismas fechas había hecho otro proyecto similar para un centro de O Ferrol. El contratista Suárez Dacosta ejecutó la obra. Desde el punto de vista arquitectónico responde a los modelos y demandas de la época.